Actualmente mi hija Shania Janice cursa los últimos ciclos de estudios en la 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗡𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗠𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻 𝗠𝗮𝗿𝗰𝗼𝘀. En los próximos días, ella viajará a la ciudad de México para realizar una 𝗠𝗼𝘃𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗜𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗿𝗿𝗲𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗟𝗶𝗰𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗚𝗲𝗼𝗴𝗿𝗮𝗳𝗶́𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗔𝘂𝘁𝗼́𝗻𝗼𝗺𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗲́𝘅𝗶𝗰𝗼, por un largo tiempo.
Como es de conocimiento público, en noviembre de 2025 el presidente interino de nuestro país, José Jerí, rompió relaciones diplomáticas con México. Una decisión infeliz, inmadura, antidemocrática y sensacionalista, amplificada por la prensa limeña, que no fue debidamente evaluada. El mandatario y su entorno cercano de asesores no midieron las consecuencias que esta medida tendría sobre los peruanos de a pie.
Desde ese momento y hasta hoy, en que escribo esta narración, 𝗹𝗮 𝗲𝗺𝗯𝗮𝗷𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗠𝗲́𝘅𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗟𝗶𝗺𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗲𝗰𝗲 𝗰𝗲𝗿𝗿𝗮𝗱𝗮, sin brindar atención consular alguna.
En nuestro caso particular, también en noviembre de 2025, Shania recibió la carta de aceptación para su movilidad académica en México. Uno de los requisitos indispensables 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗴𝗿𝗲𝘀𝗮𝗿 𝘆 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗲𝗰𝗲𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝗲 𝗽𝗮𝗶́𝘀 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗮𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗮 𝗺𝗲𝘅𝗶𝗰𝗮𝗻𝗮, trámite que tradicionalmente se realiza en la embajada mexicana en el Perú. Sin embargo, debido al rompimiento de relaciones diplomáticas, esto no fue posible.
Durante los primeros meses de este año mantuvimos la esperanza de que, al iniciar el año 2026, el gobierno restablecería las relaciones con México. Lamentablemente, llegada la quincena de enero, comprendimos que la irresponsable decisión presidencial se mantendría, al menos hasta el cambio de mando, o quizá más tiempo.
Ante la posibilidad real de perder esta valiosa oportunidad académica, nos vimos obligados a tomar una decisión difícil: 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗮𝗿 𝗮 otro país, en este caso 𝗖𝗼𝗹𝗼𝗺𝗯𝗶𝗮, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗺𝗶𝘁𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗮 𝗺𝗲𝘅𝗶𝗰𝗮𝗻𝗮. Así lo hicimos. Finalmente, logramos obtener la visa en la embajada de México en Colombia, lo que permitió que Shania tenga luz verde para permanecer en México durante los cinco meses que dura el ciclo académico.
Para nuestra familia, este proceso fue una verdadera odisea. Los requisitos exigidos en Colombia difieren de los solicitados en Perú, por lo que fue necesario asegurarnos de presentar toda la documentación completa y debidamente legalizada, apostillada por las entidades pertinentes del Perú, evitando que el viaje a Colombia fuese en vano.
Lo verdaderamente indignante es que decisiones políticas improvisadas como esta generan fuertes gastos económicos al ciudadano común, gastos que muchas familias no tienen previstos ni presupuestados. Muchos jóvenes pierden oportunidades de intercambio académico, trabajo o turismo simplemente porque no logran obtener una visa o no cuentan con los recursos económicos para viajar a un tercer país a tramitarla. Estoy seguro de que situaciones similares afectan también a ciudadanos mexicanos que desean venir a nuestro país por los mismos motivos.
Lamentablemente, quienes gobiernan el país, nos han mostrado estar desconectados de la realidad. No miden las consecuencias sociales, educativas y económicas que sus decisiones generan en la población peruana. Este caso es una muestra clara de cómo la improvisación y la falta de criterio terminan perjudicando directamente a las familias y, sobre todo, a nuestros jóvenes.

